miércoles, 22 de diciembre de 2010

La estrella fugaz (Cuento)

Aquel día todo el mundo estaba muy nervioso en el lejano Oriente. Las madrugadoras palomas mensajeras habían cumplido su trabajo y ya todo el mundo conocía la noticia: ¡EL NIÑO JESÚS HABIA NACIDO!
Sus majestades los Reyes debían prepararse para el largo camino.

“¡Esto no puede ser!¡Que locura!”, decía el Rey Melchor moviéndose de un lado para otro.
“Así será imposible llegar”, contestaba angustiado el Rey Gaspar.
“¡Nunca lo conseguiremos!”, añadía desesperado el Rey Baltasar.

La causa de todo aquel revuelo era, ni mas ni menos, que la desaparición de la estrella que tenia que guiar a los Reyes en su largo camino.

“¿Dónde estará metida?”, preguntaba Melchor.
“Todo el mundo conoce la historia, la estrella nos muestra el camino correcto...” replicaba Gaspar agitando las manos de un lado al otro.
“Y ahora...¿qué podemos hacer?”, decía Baltasar a sus amigos esperando una respuesta.

Como el problema era muy grave todos los vecinos y amigos de los Reyes decidieron ponerse manos a la obra y comenzar a buscar.

“¿Dónde puede estar?”, susurraban entre ellos algunos pastores, mientras que un vecino alborotado gritaba: “¡Ha desaparecido!”
Uno de los pastores intentaba tranquilizar al resto diciendo: “Tranquilos, los Reyes saben leer los mapas del cielo... quizá sólo esté dormida.”
Intentando buscar soluciones, Melchor comento: “Tenemos que hacer una reunión y buscar una solución.”
Gaspar continuaba abrumado: “Sin la luz de la estrella nunca encontraremos el camino.”
Y por ultimo Baltasar con voz triste decía: “Debemos llegar a tiempo para dar nuestros regalos al niño.”

Todos los habitantes decidieron acudir a la reunión de los Reyes para ayudar con sus ideas. Al no aparecer nada que les pudiera ayudar, Melchor se levanto rápidamente y muy decidido dijo: “Pronto nos pondremos en camino, si la estrella no aparece tendremos que confiar en nuestros poderes para orientarnos”
A lo que Gaspar y Baltasar contestaron: “Pero quizá la estrella no ha oído la buena noticia. Debemos esperar un poco más”. “Es verdad, seguro que recibimos alguna señal”

En ese momento un gran resplandor iluminó a todos los presentes, era la Estrella Reina que irrumpiendo en la reunión dijo: “Vengo a contaros una terrible noticia, yo, reina de las estrellas...tengo un grave problema” y prosiguió diciendo: “anoche realice un concurso para buscar a la estrella que guiaría a los Reyes por el desierto. Todas las estrellas se han presentado ante mi y me han hablado de sus virtudes... mas yo no soy capaz de elegir. Por eso les he ordenado presentarse ante sus Altezas” finalizó apartándose y dejando pasar a las demás estrellas.
La primera estrella muy segura de si misma dijo: “Majestades, yo debo cumplir la importante misión. Mi belleza y resplandor supera al de mis compañeras”
Y contestándole el Rey Melchor le dijo: Es tu vanidad lo mas difícil de superar, queremos ser guiados por una humilde estrella.
Otra de ellas se adelanto sin dejar acabar al Rey diciendo: “Majestades, por ser la mas grande de todas las estrellas del firmamento, seré yo la escogida” y acercándose a ella Gaspar le susurro: “Querida estrella, la estrella que nos conduzca al portal no debe ser la mas hermosa ni la mas grande, sino la mas buena.”
Una tercera estrella comentó distraída: “Majestades, poseo una cola brillante que iluminara campos y desiertos hasta llegar al Palacio Real.”
A lo que moviendo la cabeza de un lado a otro el Rey Baltasar respondió: “Qué equivocada estas. El niño no ha nacido en un Palacio, el niño esta en un pesebre entre pajas y no desea tesoros ni brillos, solo paz entre los hombres.”

De pronto los Reyes se fijaron en una pequeña estrella que todavía no había hablado, y dirigiéndose hacia ella preguntaron a la vez: “¿No tienes nada que contarnos?”
La estrella tímidamente agacho su cabeza, y tímidamente contesto: “Majestades, yo no puedo realizar este importante trabajo. Yo solo soy una estrella fugaz. Siempre corro de acá para allá. Nunca he sabido encontrar un sitio donde quedarme a vivir”

Los Reyes miraron a la reina de las estrellas y dijeron: “deseamos que esta pequeña estrella fugaz nos guíe en nuestro camino. No encontraremos otra mejor”
Entonces sus Majestades preguntaron a la estrella si deseaba acompañarlos. La estrella pensó que ya estaba cansada de vagar por el firmamento y que realmente seria bonito encontrar un sitio donde vivir.



Menchu Cuesta Pérez

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