miércoles, 29 de diciembre de 2010

Tardes de Navidad en la librería Kirikú y la Bruja

Debido a las fiestas en las que nos encontramos la librería Kirikú y la Bruja ha decidido realizar una serie de actividades para que los más peques de la casa no se queden sin disfrutar auqnue estén de vacaciones, las cuales son:

Jueves 23 de diciembre, a las 17,30h con Moisés Andrade, el autor de los PEQUECTIVES

28 de diciembre, a las 6 de la tarde, Javier Ruescas presentará a los autores Ana Alonso y Javier Pelegrín.





4 de Enero, a las 17.30h, Marta López, editora de cuatro azules descubrirá los secretos de Poka y Mina




Librería Kirikú y la bruja
C/Rafael Salazar Alonso 17
28007 Madrid

miércoles, 22 de diciembre de 2010

La estrella fugaz (Cuento)

Aquel día todo el mundo estaba muy nervioso en el lejano Oriente. Las madrugadoras palomas mensajeras habían cumplido su trabajo y ya todo el mundo conocía la noticia: ¡EL NIÑO JESÚS HABIA NACIDO!
Sus majestades los Reyes debían prepararse para el largo camino.

“¡Esto no puede ser!¡Que locura!”, decía el Rey Melchor moviéndose de un lado para otro.
“Así será imposible llegar”, contestaba angustiado el Rey Gaspar.
“¡Nunca lo conseguiremos!”, añadía desesperado el Rey Baltasar.

La causa de todo aquel revuelo era, ni mas ni menos, que la desaparición de la estrella que tenia que guiar a los Reyes en su largo camino.

“¿Dónde estará metida?”, preguntaba Melchor.
“Todo el mundo conoce la historia, la estrella nos muestra el camino correcto...” replicaba Gaspar agitando las manos de un lado al otro.
“Y ahora...¿qué podemos hacer?”, decía Baltasar a sus amigos esperando una respuesta.

Como el problema era muy grave todos los vecinos y amigos de los Reyes decidieron ponerse manos a la obra y comenzar a buscar.

“¿Dónde puede estar?”, susurraban entre ellos algunos pastores, mientras que un vecino alborotado gritaba: “¡Ha desaparecido!”
Uno de los pastores intentaba tranquilizar al resto diciendo: “Tranquilos, los Reyes saben leer los mapas del cielo... quizá sólo esté dormida.”
Intentando buscar soluciones, Melchor comento: “Tenemos que hacer una reunión y buscar una solución.”
Gaspar continuaba abrumado: “Sin la luz de la estrella nunca encontraremos el camino.”
Y por ultimo Baltasar con voz triste decía: “Debemos llegar a tiempo para dar nuestros regalos al niño.”

Todos los habitantes decidieron acudir a la reunión de los Reyes para ayudar con sus ideas. Al no aparecer nada que les pudiera ayudar, Melchor se levanto rápidamente y muy decidido dijo: “Pronto nos pondremos en camino, si la estrella no aparece tendremos que confiar en nuestros poderes para orientarnos”
A lo que Gaspar y Baltasar contestaron: “Pero quizá la estrella no ha oído la buena noticia. Debemos esperar un poco más”. “Es verdad, seguro que recibimos alguna señal”

En ese momento un gran resplandor iluminó a todos los presentes, era la Estrella Reina que irrumpiendo en la reunión dijo: “Vengo a contaros una terrible noticia, yo, reina de las estrellas...tengo un grave problema” y prosiguió diciendo: “anoche realice un concurso para buscar a la estrella que guiaría a los Reyes por el desierto. Todas las estrellas se han presentado ante mi y me han hablado de sus virtudes... mas yo no soy capaz de elegir. Por eso les he ordenado presentarse ante sus Altezas” finalizó apartándose y dejando pasar a las demás estrellas.
La primera estrella muy segura de si misma dijo: “Majestades, yo debo cumplir la importante misión. Mi belleza y resplandor supera al de mis compañeras”
Y contestándole el Rey Melchor le dijo: Es tu vanidad lo mas difícil de superar, queremos ser guiados por una humilde estrella.
Otra de ellas se adelanto sin dejar acabar al Rey diciendo: “Majestades, por ser la mas grande de todas las estrellas del firmamento, seré yo la escogida” y acercándose a ella Gaspar le susurro: “Querida estrella, la estrella que nos conduzca al portal no debe ser la mas hermosa ni la mas grande, sino la mas buena.”
Una tercera estrella comentó distraída: “Majestades, poseo una cola brillante que iluminara campos y desiertos hasta llegar al Palacio Real.”
A lo que moviendo la cabeza de un lado a otro el Rey Baltasar respondió: “Qué equivocada estas. El niño no ha nacido en un Palacio, el niño esta en un pesebre entre pajas y no desea tesoros ni brillos, solo paz entre los hombres.”

De pronto los Reyes se fijaron en una pequeña estrella que todavía no había hablado, y dirigiéndose hacia ella preguntaron a la vez: “¿No tienes nada que contarnos?”
La estrella tímidamente agacho su cabeza, y tímidamente contesto: “Majestades, yo no puedo realizar este importante trabajo. Yo solo soy una estrella fugaz. Siempre corro de acá para allá. Nunca he sabido encontrar un sitio donde quedarme a vivir”

Los Reyes miraron a la reina de las estrellas y dijeron: “deseamos que esta pequeña estrella fugaz nos guíe en nuestro camino. No encontraremos otra mejor”
Entonces sus Majestades preguntaron a la estrella si deseaba acompañarlos. La estrella pensó que ya estaba cansada de vagar por el firmamento y que realmente seria bonito encontrar un sitio donde vivir.



Menchu Cuesta Pérez

martes, 21 de diciembre de 2010

El porqué de la Navidad (Cuento)

Érase una vez un hombre que no creía en Dios. No tenía reparos en decir lo que pensaba de la religión y las festividades religiosas, como la Navidad. Su mujer, en cambio, era creyente a pesar de los comentarios desdeñosos de su marido.

Una Nochebuena en que estaba nevando, la esposa se disponía a llevar a los hijos al oficio navideño de la parroquia de la localidad agrícola donde vivían. Le pidió al marido que los acompañara, pero él se negó.
-¡Qué tonterías! -dijo él-. ¿Por qué Dios se iba a rebajar a descender a la Tierra adoptando la forma de hombre? ¡Qué ridiculez!
Los niños y su mujer, se marcharon y él se quedó en casa.

Un rato después, el viento empezó a soplar con mayor intensidad y se desató una ventisca. Observando por la ventana, todo lo que aquel hombre veía era una cegadora tormenta de nieve. Y decidió relajarse sentado ante la chimenea.

Al cabo de un rato, oyó un gran golpe; algo había golpeado la ventana. Luego, oyó un segundo golpe fuerte. Miró hacia afuera, pero no logró ver a más de unos pocos metros de distancia. Cuando empezó amainar la nevada, se aventuró a salir para averiguar qué había golpeado la ventana. En un campo cercano descubrió una bandada de gansos salvajes. Por lo visto iban camino al sur para pasar allí el invierno, y se vieron sorprendidos por la tormenta de nieve y no pudieron seguir. Perdidos, terminaron en aquella finca sin alimento ni abrigo. Daban aletazos y volaban bajo en círculos por el campo, cegados por la borrasca, sin seguir un rumbo fijo. El agricultor dedujo que un par de aquellas aves habían chocado con su ventana.
Sintió lástima de los gansos y quiso ayudarlos.

-Sería ideal que se quedaran en el granero -pensó-. Ahí estarán al abrigo y a salvo durante la noche mientras pasa la tormenta.
Dirigiéndose al establo, abrió las puertas de par en par. Luego, observó y aguardó, con la esperanza de que las aves advirtieran que estaba abierto y entraran. Los gansos, no obstante, se limitaron a revolotear dando vueltas. No parecía que se hubieran dado cuenta siquiera de la existencia del granero y de lo que podría significar en sus circunstancias. El hombre intentó llamar la atención de las aves, pero solo consiguió asustarlas y que se alejaran más.

Entró a la casa y salió con algo de pan. Lo fue partiendo en pedazos y dejando un rastro hasta el establo. Sin embargo, los gansos no entendieron.
El hombre empezó a sentir frustración. Corrió tras ellos tratando de ahuyentarlos en dirección al granero. Lo único que consiguió fue asustarlos más y que se dispersaran en todas direcciones menos hacia el granero. Por mucho que lo intentara, no conseguía que entraran al granero, donde estarían abrigados y seguros.

-¿Por qué no me seguirán? -exclamó- ¿Es que no se dan cuenta de que ese es el único sitio donde podrán sobrevivir a la nevasca?
Reflexionando por unos instantes, cayó en la cuenta de que las aves no seguirían a un ser humano.
-Si yo fuera uno de ellos, entonces sí que podría salvarlos -dijo pensando en voz alta.

Seguidamente, se le ocurrió una idea. Entró al establo, agarró un ganso doméstico de su propiedad y lo llevó en brazos, paseándolo entre sus congéneres salvajes. A continuación, lo soltó.
Su ganso voló entre los demás y se fue directamente al interior del establo. Una por una, las otras aves lo siguieron hasta que todas estuvieron a salvo.

El campesino se quedó en silencio por un momento, mientras las palabras que había pronunciado hacía unos instantes aún le resonaban en la cabeza:
-Si yo fuera uno de ellos, ¡entonces sí que podría salvarlos!
Reflexionó luego en lo que le había dicho a su mujer aquel día:
-¿Por qué iba Dios a querer ser como nosotros? ¡Qué ridiculez!

De pronto, todo empezó a cobrar sentido. Entendió que eso era precisamente lo que había hecho Dios. Diríase que nosotros éramos como aquellos gansos: estábamos ciegos, perdidos y a punto de perecer. Dios se volvio como nosotros a fin de indicarnos el camino y, por consiguiente, salvarnos. El agricultor llegó a la conclusión de que ese había sido ni más ni menos el objeto de la Natividad.

Cuando se calmó la tormenta, su alma quedó en quietud y meditó en tan maravillosa idea. De pronto comprendió el sentido de la Navidad y por qué había venido Jesus a la Tierra. Junto con aquella tormenta pasajera, se disiparon años de incredulidad. Hincándose de rodillas en la nieve, elevó su primera plegaria: "¡Gracias, Señor, por venir en forma humana a sacarme de la tormenta!"

Fin.

COMENZÓ EL INVIERNO (poesía)

El invierno comenzó
muy temprano esta mañana
y ha cubierto todo el parque
con una blanca nevada


Con la nieve que cayó,
un gorro y una bufanda,
hemos hecho un gran muñeco
allí, junto a aquellas casas.


En su cara dibujamos
una sonrisa feliz,
y una zanahoria grande
fue a parar a su nariz.

Por brazos tiene dos ramas,
sus ojos son dos botones.
¿A nadie se le ocurrió
ponerle unos pantalones?


Como hacía mucho frío,
la panda se retiró,
y dejamos al muñeco,
retozando con el viento

Leo Antivero